Memoria gráfica de una ciudad ausente, Ciudad Bolívar, la antigua capital angostureña, quedó diluida en el recuerdo de quienes de alguna forma la vivieron, pero nítida en la memoria gráfica del ayer.
sábado, 23 de julio de 2016
miércoles, 13 de agosto de 2014
Centenario del Congreso de Angostura
El
14 de febrero de 1919 comenzó a cumplirse los actos del programa del primer
centenario del segundo Congreso de Venezuela, consagrado en la Historia con el
nombre de Congreso de Angostura y los cuales se extendieron durante los
días 15 y 16, declarados festivos por
Decreto del ejecutivo.
El día 14 amaneció con salvas de
artillería en la fortaleza “El Zamuro” y fuegos artificiales en distintos
puntos de la ciudad así como izamiento de la bandera nacional en todos
edificios públicos y casas particulares. En la mañana en acto solemne en el
Palacio de Gobierno se develó un retrato al óleo del Libertador leyendo su
discurso al Congreso, pintura del artista José Eugenio Montoya. El discurso estuvo a cargo de don Hilario
Machado.
Visita a los trabajos de refacción del Hospital Las
Mercedes y festejos populares en los barrios San Isidro, Paseo Meneses, San
Antonio, Puente Gómez, Paseo Gáspari, Plaza Miranda, La Concordia, Los Coolies,
Santa Ana, Guzmán Blanco y La Alameda.
Por la noche iluminación eléctrica extraordinaria en
la Plaza Bolívar y en el Paseo Falcón, fuegos artificiales y concierto por la
Banda Gómez.
El programa de actos comprendía también un certamen literario promovido
por el Ejecutivo del Estado para conmemorar el primer centenario del Congreso
de Angostura. El mismo fue ganado por el
poeta zuliano Udón Pérez con el soneto siguientes:.
“Mi voluntad que asume firmeza de cizalla / mordió el
metal de verso resistente y sonoro / y
fue cortando, iguales, recios discos de oro / que fingen lunas sueltas de un
peto de batalla / Labrando mis buriles medalla tras medalla / de la nativa
Gesta resume el decoro / luchas, caídas, triunfos… y entre sublime coro / de
próceres, el Prócer que al Ande alzó su talla / Ostentan al reverso los áureos
medallones / en límpidos esmaltes heráldicos blasones / cadenas y leones, iris,
armas, cárceles… / y en armoniosas cifras, en torno a emblemas tantos / de
Libertad y Patria los nombres sacrosantos / tejidos entre luces de palmas y
laureles”.
Un accesit fue otorgado a la composición del poeta
upatense F. Cova Fernández:
Los barrios que circundaban el centro urbano, no se
quedaban atrás en la ocasión de una efemérides sino que muy espontáneamente se
sumaban. Así en los barrios de la calle
San Isidro y en los Paseos Meneses y Gury se reunieron para celebrar
individualmente la fecha y luego de ofrendar flores al Padre de la Patria, se
trasladaron a la Lajita y en el frontis principal de la casa de San Isidro donde
habitó el Liberador, colocaron una
lápida simbólica y conmemorativa del primer centenario del Congreso de
Angostura. La casa era entonces
propiedad de la sucesión Juliá García.
En este acto llevó la palabra el doctor José Gabriel Machado. Hubo una ternera a la llanera en el sector
conocido como La Busca, obsequio a los habitantes de los barrios San Isidro,
Paseo Meneses y Gury. Por la tarde hubo
Palo encebado, sartenes y fuego
artificiales.
El Presidente del Estado, Marcelino Torres García,
decretó para perpetuar la gloria del histórico Congreso de Angostura, la “Plaza de la Ley”, monumento alegórico en mármol. Asimismo, creó una Escuela de Artesanos con
el nombre de “Escuela Vallenilla” en recuerdo del primer secretario del
Congreso; una Plaza con el busto de Francisco Antonio Zea denominada “Plaza de
la República” y decretó la Sociedad de la Historia, corporación de carácter
literario. El Concejo Municipal, por su
parte, acordó un retrato al óleo de Cristóbal Colón en el salón de sesiones y
restaurar los edificios públicos municipales que así lo requiriesen.
martes, 12 de agosto de 2014
El Obelisco de Ciudad Bolívar
Tras la muerte de Juan Vicente Gómez, el actual
Obelisco de la Plaza Maturín, fue blanco de la furia antigomecista, pero,
afortunadamente, no lo derribaron sino que maltrataron sus alegorías de bronce
exaltando al Dictador. Algo similar le
ocurrió a la ausencia del Presidente Antonio Guzmán Blanco, progresista, pero
tildado o sentido como autócrata.
La
prensa local informó de las manifestaciones contra todo lo hecho por los
gobernadores de turno para exaltar la persona del dictador. Fue así como un grupo de citadinos encabezado
por Alida y Trina Gambús, Hortensia y Armida Suegart, Miguel María Escalante y
Carlos Kleyser, echaron abajo la alegórica triada escultural de bronce que en
el Obelisco se apoyaba en el lema “Venezuela, Paz y Trabajo”. Dos años antes de la muerte del Dictador
manos ocultas modificaron el lema sustituyendo la “Z” por el monosílabo “SA”
con lo cual resultó la frase “Venezuela pasa trabajo”.
El Obelisco fue erigido como un monumento a la
Federación, para conmemorar el 27 de
abril de 1870, fecha en la que el general Antonio Guzmán Blanco inició la
recuperación del Poder arrebatado por la Revolución de los Azules al líder de
la Guerra Federal Juan Crisóstomo Falcón.
Fue decretado el 23 de mayo de 1873 por el Presidente de la Provincia de
Guayana, General José Gabriel Ochoa, e inaugurado el 27 de abril de 1874,
coronado con un busto del “Ilustre Americano”
que posteriormente, el 28 de octubre de 1889, fue eliminado por decreto
de la Asamblea Legislativa que entonces
presidía el diputado Doroteo de Armas.
Durante el Gobierno del General Marcelino Torres
García el Obelisco fue incorporado a la llamada Plaza de la Rehabilitación
levantada en diciembre de 1916 y mediante un concurso ganado por el artista
guayanés Juan de Dios Baldivián se le incorporó la triada escultórica de bronce
que fue sacada de cuajo por la muchedumbre el día que se informó del
fallecimiento del hombre que sojuzgó al país por espacio de tres decenios.
El Obelisco, libre de bustos y alegoría, quedó de
todas maneras de pie con su estructura
de ladrillo y mezcla mulata, como Monumento
a la guerra Federal en la que por cierto, Guayana no tomó parte, pero si
algunos guayaneses connotados como José Gabriel Ochoa, quien estuvo al lado del
General Ezequiel Zamora, a quien conoció siendo este Comandante de Armas de la
provincia de Guayana.
Cuando estalló la Guerra Federal, gobernaba Guayana
Juan Bautista Dalla Costa, quien mantuvo al Estado al margen de esa cruenta
guerra que arruinó la economía de Venezuela y mutiló buena parte de su población.
En 1961, siendo Gobernador del Estado el ingeniero
Leopoldo Sucre Figarella y a propósito del centenario de la Capital del Estado
Monagas, se le quiso rendir homenaje a la ciudad de Maturín donde Piar,
Libertador de Guayana, ganó tres
batallas consecutivas durante la Guerra de emancipación, y se aprovechó el Obelisco desolado para
fundar en su torno la “Plaza Ciudad de Maturín”. Para cuya inauguración vino el gobernador de
ese Estado así como los miembros del Concejo Municipal.
Luego de una sesión solemne de la Municipalidad
presidida por el concejal Luis Felipe Pérez Flores, las autoridades managuenses
fueron declarados Huéspedes de Honor, firmaron el Libro de Oro de la ciudad y
finalmente se trasladaron a la Plaza para cumplir el programa inaugural, donde
intervinieron el profesor José Francisco Miranda, el vicepresidente del Concejo
Municipal de Maturín. Doctor Juan Carlos Millán y el bachiller Luis Felipe
Pérez Flores.
La Plaza Maturín, cuyo atractivo principal es el
Obelisco luce hoy integrados al Liceo Fernando Peñalver.
domingo, 27 de julio de 2014
CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA
Cuadrilla de la Colonia Alemana de Ciudad Bolívar en el desfile de las fiestas del centenario de la Independencia de Venezuela el 5 de julio de 1911 encabezada por Pierre Schaeffli, padre del amigo Otto Schaeffli, por muchos años Gerente de Avensa.
El 10 de marzo la legislatura eligió al Gral. Julio
Sarría Hurtado y al Dr. Alberto Smith, senadores por el Estado Bolívar. Días
después y con vista a la celebración del centenario de la Independencia, el
presidente del estado dictó importantes decretos dirigidos a mejorar la calidad
urbana y social de la ciudad.
Se refaccionó la Iglesia Catedral a solicitud del obispo
Monseñor José María Durán y encargó al señor J. Montiel R. construir de
concreto y cemento las gradas de la entrada principal. Asimismo, de granzón y ladrillo picado, con
capa de cemento romano, el piso de la entrada principal de la Iglesia,
comprendido entre las gradas del atrio y la puerta mayor, con una longitud de
10 varas y 5 y media caras de ancho.
Construcción del Paseo 5 de Julio, con una longitud de
2.600 metros y 14 de ancho, desde el extremo norte del Dique hasta unirse el
Paseo El Porvenir en la esquina de la Democracia. Transformación de la Plaza Farreras en un
parque de acuerdo con el plano propuesto por le ingeniero Abrahám Tirado, y
para lo cual el Gobierno destinó Bs. 4.033,75.
Desfile inaugural del Paseo 5 de Julio con el retrato de Gómez al frete.
Desfile inaugural del Paseo 5 de Julio con el retrato de Gómez al frete.La Junta del Centenario de la Independencia la presidía Luis Aristeguitea Grillet y estaba integrada por ciudadanos ligados a la ciencia, la historia, la literatura, las artes, la industria y el comercio e incorporaba además a los gremios y asociaciones de médicos, abogados, farmacéuticos, ingenieros, comerciantes, periodistas, tipógrafos, albañiles, zapateros, talabarteros, sastres, carpinteros, latoneros, plateros, músicos, artistas, literatos, criadores, panaderos, pescadores, barberos, a la Logia, clubes deportivos y Centros científico, literario y de estudiantes. De igual manera los periódicos y revistas El Luchador, Horizontes, Ecos de Angostura, El Anuncio, El Estimulo, Gaceta Oficial del Estado Bolívar, Gaceta de los Tribunales, Gaceta Municipal y, La Época, que comenzó a circular como diario el 3 de mayo de 1910, dirigido por el escritor y poeta Edmundo Vander Biest y dos meses después (5 de julio) se transformo en revista quincenal.
En torno a la celebración del primer centenario de la
Independencia con un programa amplio y profuso de obras y eventos sociales, artísticos y
deportivos, se puso de manifiesto el entusiasmo general del pueblo. Por primera
vez se dio un encuentro de Béisbol que a través del tiempo terminó imponiéndose
al tradicional jugo de pelota popularmente conocido como Rondá, s se acrecentó
la actividad taurina como la hípica y teatral, pero, la obra cumbre fue La
Electricidad. Ciudad Bolivar comenzó a
tener energía eléctrica permanente en sus casas y calles a partir del 5 de
julio de 1911, cincuenta días antes de renunciar a la Presidencia del Estado,
el general Arístides Tellería luego de una divergencia con el Poder Nacional
por cuestiones relativas a la administración de ejidos. Lo suplantó el 24 de agosto el doctor Luis
Godoy, presidente del Consejo de Gobierno.Carroza de la navegación, sobre ruedas, durante el desfile por el antiguo Paseo Falcón de Ciudad Bolívar, el 5 de julio de 1911, con motivo del centenario de la Independencia.
Carroza de la navegación, sobre ruedas, durante el desfile por el antiguo Paseo Falcón de Ciudad Bolívar, el 5 de julio de 1911, con motivo del centenario de la Independencia.
sábado, 26 de julio de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
miércoles, 12 de marzo de 2014
sábado, 1 de febrero de 2014
Antiguo Hotel Bolívar

Según la información hemerográfica de que dispongo, la imagen corresponde al antiguo Hotel Bolívar inaugurado en 1900 por el comerciante Emiliano Eugenio Monch. Allí se dio a conocer por primera vez en noviembre de 1901 el Bioscopio un prototipo de cinematógrafo en el que se exhibió la película “El Famoso baile de la serpentina” y la “Destrucción del vapor de guerra Maine”. Este hotel de la Calle Orinoco como entonces se llamaba, pasó después a propiedad de José María Méndez, quien lo vendió en 1935 a la señora Ana María Stevenson. Finalmente el hotel dejó de funcionar y al anexo moderno porticado se le dio otro destino vinculado con el Resguardo fluvial y el depósito de cabotaje cedido por el Gobierno central para la construcción del Gran Hotel Bolívar, hoy Hotel Colonial, inaugurado en 1952. La peana y busto que vemos en la imagen corresponde al Monumento erigido al General Juan Crisóstomo Falcón e inaugurado el 28 de octubre de 1901 por el gobernador Julio Sarría Hurtado. El Busto fue reubicado en 1966 en la parte posterior al Gimnasio Cubierto.
viernes, 31 de enero de 2014
Cipriano Castro en Ciudad Bolívar

El General Cipriano Castro, quien inició la era de los
andinos en el Poder y se proclamó heredero de un liberalismo que lo endiosaba
en exceso, fue objeto durante cinco días en la capital bolivarense de los más
cálidos tributos rendidos a gobernante.
Desde el sábado 29 de abril hasta el miércoles 3 de
marzo de 1905, se exornaron los frentes de las casas bolivarenses con banderas
nacionales y amarillas (color de los liberales) y las de los extranjeros con
las enseñas de sus respectivos países, para darle la bienvenida al Presidente
de la República, general Cipriano Castro.
La Plaza San Antonio en el Paseo de su nombre, hoy
avenida Moreno de Mendoza, fue adornada y se construyeron arcos de varios
puntos de la ciudad. En la Plaza “La Restauración” del Paseo Meneses y calles
principales, el pueblo se divirtió con las cucañas, la música y fuegos
artificiales.
El general Cipriano Castro llegó ese día a Ciudad
Bolívar, por vía fluvial desde el puerto
de San Fernando, a las 9 de la mañana.
Desde muy temprano una multitud lo aguardaba. A las siete se divisó el barco por el
occidente y desde ese momento comenzaron los repiques de campanas de la
Catedral y el tronar de los cañones y fuegos artificiales.
Una comisión integrada por el Obispo de Diócesis,
Monseñor Antonio María Durán, el clero, y representantes de la Municipalidad,
del Ejecutivo y la Asamblea Legislativa embarcó en el vapor Apure para
presentarle el saludo de bienvenida al visitante. Castro hizo el trasbordo y
llegó a la playa orinoquense donde lo aguardaba la multitud. De allí caminó hasta la Aduana en la Calle
Miscelánea (Dalla − Costa) donde tenía preparada su habitación. La gente invadió la calle y el señor Hilario
Machado, desde la acera de enfrente dirigió la palabra a Castro, quien se
hallaba entre grupo de damas, en el balcón de la Aduana que daba a la calle
Dalla Costa.
El diario de la tarde “El Anunciador” de don Agustín
Suegart, al reseñar el acto dice que “feliz
estuvo el inspirado señor Machado, en su brillante pieza oratoria y sus frases
elocuentes y galanes, fueron lluvia de rosas que cayeron en viva profusión a
los pies del héroe excelso”.
Castro respondió desde el balcón en los siguientes
términos: “Este pueblo que tengo a mi
vista y en cuyo semblante leo que no es lo se me había pintado, este pueblo es honrado y es laborioso y los
pueblos laboriosos y honrados son los hijos del deber, que llevarán a la patria
a la cumbre de s u destino”.
“Estoy
maravillado de ese inmenso raudal del Orinoco y presiento que los pueblos
asentados en sus márgenes, por él serán conducidos a la cúspide del
engrandecimiento”.
“Unidos en un
solo abrazo, debemos vivir sin rencillas ni enemistades, como hermanos y
hermanados los venezolanos con los venezolanos y los extranjeros con los
venezolanos y viceversa. Desde ahora y
para siempre estoy con ustedes y para ustedes”.
Castro pasó antes de llegar a la Aduana por varios arcos
de palmas y flores. Uno que decía “Vencedor jamás vencido”. Otro de la Cámara de Comercio con la siguiente
frase: “El Comercio de Ciudad Bolívar
saluda al General Castro” y el de la
Casa Dalton & Cia: “Loor al Jefe de
la Nación, Gral. Cipriano Castro – Paz, Orden progreso”.
Acompañaban a Castro el Presidente del Estado, Luis
Valera; el doctor Julio Torres Cárdenas, Secretario de la Presidencia; general
Ramón Tello Mendoza, Gobernador de la Sección Occidental del Distrito Federal,
el escritor A. Carnevali Monreal y Dr. José Rafael Revenga, médico del
Presidente, quien se hace famoso por sus operaciones de cataratas que devuelve
la visión a los ciegos longevos venidos de Upata, Tumeremo y El Callao.
Castro, emocionado por el recibimiento que le tributaba
una ciudad que había sido ensangrentada bajo su mandato (Guerra Libertadora),
así lo manifiesta el telegrama que al llegar ordena para el general Juan
Vicente Gómez, quien se había quedado encargado de la Presidencia:
“A las 9 de mañana de hoy hemos hecho nuestra entrada a
está histórica ciudad con un entusiasmo inusitado. Creo que no ha fallado nadie a la cita; es
verdaderamente indescriptible: una locura de recibimiento que raya en el
frenesí…”
Gómez responde: “Sea usted feliz y recoja en su corazón
ese caudal de gratitud que el pueblo venezolano le ofrece, pues ello le dará,
no mayor aliento, pero si más positivas seguridades de que no son estériles los
sacrificios que se hacen por la patria y por la humanidad”.
Las publicaciones locales “Boletín Comercial”, “El
Centinela” y “Horizontes” dedicaron sus ediciones a exaltar la figura de
Castro. El diario de la tarde “El
Anunciador” editado por el liberal consumado como el general Agustín Suegart,
no podía quedarse atrás y público una edición extraordinaria con los siguientes títulos “La Restauración Liberal”
por Cleto Navarro, jefe de redacción del diario; “Mi Opinión por le doctor José
María Emazabel”; “Castro Guerrero” por el doctor J. M. Agosto Méndez; “Castro
Político” por el doctor Antonio María Delgado; “Castro Legislador” por el
doctor Cipriano Fry Barrios y “Castro Progresista” por le doctor Carlos García
Romero. En la misma edición apareció el discurso de bienvenida de don Hilario
Machado.
Un ejemplar de este número extraordinario, impreso en
raso amarillo y orlado con una cita tricolor recibió Castro como obsequio en
audiencia especial concedida al cuerpo directivo y de redacción del diario “El
Anunciador”. Entonces dijo: “El Anunciador es no sólo el decano de la
prensa del Estado, sino también su abanderado”. Tres meses después se arrepentiría, pues lo
clausuró de un solo plumazo.
Por la tarde, El caudillo de la Restauración caminó la
calle La Alameda para presenciar una tarde de toros coleados en su honor. Posteriormente asistió a la Retreta de la
Plaza Bolívar y luego cerró el día con un baile de gala en su honor ofrecido en
la Casa de Gobierno. Castro inició la
fiesta bailando el vals Pamona con la señora del Dr. Eliseo Pérez Vivas,
ejecutado por la Banda Castro dirigida por el general Ramón Maldonado. Las otras piezas, ejecutadas por la Banda del
Estado bajo la dirección de Manuel Jara Colmenares, fueron Contradanza Ciudad
Bolívar, Vals Blene, cuadrilla Les Ombres Chismoises; Vals Sourires dÁvril y
Polea Minuit, en la primera parte. En la
segunda: Danceros, Vals Laura, danza La Violeta, vals Siempre Invicto,
cuadrilla Fleurs, vals Enchantee. La
fiesta terminó a las cuatro de la madrugada.
Castro descansó y pasó la noche en el edificio de la
Aduana ubicado entre las calles Venezuela y Miscelánea. Allí los bolivarenses conocieron la primera
vez la luz eléctrica generada por una pequeña planta que se trajo de Caracas.
Gumersindo Rodríguez, describe desde Ciudad Bolívar para
su periódico “El
Constitucional” el viaje de Castro por el Orinoco a bordo del vapor Apure: “El retrato del General descansa sobre la
columna central, entre trofeos con los colores del arco iris. Un gabinete privado en cuya puerta de acceso
hay un escudo de la Nación bordado en raso y elegantes cortinas de punto
japonés. La toilette constituye un gran
lavado de mármol rosa y nogal con exquisitos servicio de aguas y esencias de
Guerlain., Pinaud y Atkinson. Frente al tocador un espejo estilo Renacimiento y
en caja de piel de Rusia y almohadilla en seda de colores, los juegos de peines
y cepillos incrustados de plata de marfil. Sobre la mesa del mismo estilo, un elegante
paño de terciopelo carmesí. Diván de
descanso, corte Luis XV. La cama amplia,
rodeada de ventiladores eléctricos y cubierta por artistas sobrecama de raso
azul y encajes blancos”.
Al siguiente día, domingo 30, Castro asistió a un Te Deum oficiado por
Monseñor Antonio María Durán y en el que habló el presbítero Dr. Nicolás E.
Navarro, Rector del Seminario Metropolitano de Caracas, quien vino expresamente
con ese objeto. Luego hubo una recepción
oficial para saludar a los representantes de las instituciones locales. Seguidamente se organizó un paseo por el
Orinoco abordo de los vapores Delta y Apure en los cuales embarcaron unas 800
personas. El paseo fue hasta las bocas
del río Marhuanta, a dos leguas de
Ciudad Bolívar. Un vapor de guerra al mando del general Delgado Chalbaud que
venía de escolta del Presidente se hallaba fondeado en San Félix. El Delta y el Apure anclaron en La Peña donde
tenía su vivienda Pedro Mariño. Allí
hubo una ternera que terminó a las tres de la tarde cuando regresó para estar
presente en los toros coleados en una improvisada manga construida en La
Alameda. Finalmente el General montó un
caballo y se puso a trotar por los alrededores de la ciudad.
Para este día estaba provisto un críquet – mach ofrecido
por el “Venezuela Cricket Club” que al final no se dio. Lo que si se dio fue un banquete ofrecido por
el Concejal Municipal en Hotel Decori y un lunch en el “Club Unión
Comercial” después de una Revista
Militar en la Plaza Miranda, frente al Capitolio, luego de la revista el
general Castro fue conducido al Club por Santos Palazzi, Luis Godoy, Julio
Tomassi, José Acquetella, Emilio Uncein, O. Grossmann y José Ortiz. Ofreció el banquete el doctor Luis A. Natera Ricci, entonces presidente de la Municipalidad.
Castro tras un día de descanso, se despidió de los
bolivarenses el 3 de mayo a bordo del vapor Apure. Mientras estuvo en Ciudad Bolívar, su esposa,
la cucuteña Zoila Rosa Martínez, bella y huérfana, permaneció de paseo en la
isla de Trinidad.
Antes de irse, Castro visiblemente emocionado por el
caluroso recibimiento que le tributaron los bolivarenses, aceptó las suplicas
de poner en libertad a los siguientes adversarios de su Gobierno, presos en la
Cárcel Vieja: General Simón Tabares, Pedro A. Romberg y Agustín Barrios;
coroneles Ladislao Rosales, José Ballenilla Marcano y Toribio R. Prospert;
civiles doctor Luis F. Vargas Pizarro y Ascensión Rojas Vásquez. Finalmente accedió derogar el decreto de expulsión
que pesaba sobre el comerciante Merino Palazzi.
Quedaron más presos en la Cárcel alegando ante una
comisión de damas que sería peligroso dejar las cárceles vacías. Además “esos presos no son míos. Son prendas
de seguridad de la República, siempre dolorosas, pero siempre también necesarias
al orden de sus sistema, al amoral de sus costumbres, al decoro de su nombre”.
sábado, 18 de febrero de 2012
Clínica Cuenca
La Clínica Cuenca es la primera fundada en Ciudad Bolívar, reorganizada dentro de los modernos adelantos de cirugía y medicina en el año de 1946 por el Dr. Manuel Siverio, a quien le acompañó el Dr. Ramón Flores de nacionalidad cubana, quien por no tener la revalidación de su título trabajó en la clínica como Técnico-radiólogo.
Lla "Clínica Cuenca", bajo la dirección del Dr. Siverio, ofrecía un personal médico selecto y gabinetes de cirugía que les capacitaba para la mejor atención y curación de sus pacientes.
Constituían la Clínica: el Dr. Siverio, especializado en Cirugía general, partos y ginecología; Dr. Héctor Nouel J., Traumatología y cirugía general; Dr. Aquiles Granadillos, medicina general, partos; Dr. Abel Cifuentes, medicina y cirugía general; Dr. González Peralta, medicina general, otorrinolaringología y laboratorio.
La "Clínica Cuenca" contaba con Salas de cirugía general y traumatología. Clínica Obstétrica. Gabinete de Rayos X. Fisioterapia. Electro cirugía y electro coagulación. Rayos ultra violetas, infra rojos. Nieve carbónica. Diatermia de onda corta. Cámara de oxígeno. Metabolismo basal. Masaje vibratorio. Tiene seis camas para hospitalización y dos enfermeras.
jueves, 16 de febrero de 2012
Clínica García Parra
El 23 de agosto de 1950 entró en servicio la Clínica García Parra en una vieja casona de la calle Boyacá número 26. Entonces Ciudad Bolívar contaba con 31.000 habitantes. La urgente necesidad de institutos médicos asistenciales que por la importancia como ciudad, como por el aumento de habitantes que venía adquiriendo en los último años la capital del extenso Estado Bolívar, comenzó a motivar entonces la creación de Clínicas dotadas de los últimos adelantos en instrumental médico-quirúrgico y comodidad en sus salas de hospitalización, como también de médicos especializados para la mejor atención de los pacientes que necesitan de sus servicios.
La "Clínica García Parra" fue fundada contando en su personal los siguientes médicos-cirujanos: Dr. Said Moanack Vahlis especialista en ginecología y cirugía; Dr. Armando Ismael Núñez, medicina general, partos; Dr. Aníbal Álvarez, cirugía, niños; luego les acompaña el Dr. Lino Maradey; especializado en Cáncer en Nueva York y La Habana.
Para la mejor atención, esta Clínica contaba con una secretaria, telefonista, cuatro enfermeras y todo el servicio doméstico necesario.
Diez habitaciones estaban destinadas para la hospitalización de los enfermos. Salas de Maternidad, Laboratorios de Rayos X. Laboratorios especiales para el diagnóstico del Cáncer. Gabinetes para operaciones quirúrgicas.
La Clínica "García Parra" fue la primera en inaugurar el servicio médico-quirúrgico diurno y nocturno permanente en ciudad Bolívar.
miércoles, 15 de febrero de 2012
El Orfeón de Ciudad Bolívar
La gráfica corresponde a los integrantes del antiguo Orfeón de Ciudad Bolívar, obra entusiasta llevada a cabo bajo su propia dirección por el Pbro. Segundo Ferrero, de nacionalidad italiana. Quedó constituido el mes de diciembre de 1950. Actuando desde esa fecha en dos conciertos que pusieron de relieve la magnífica dirección y sensibilidad artística que se necesitan para la selección de voces puras y armónicas que constituyen la perfección coral y solista. El primer concierto de su debut fue de carácter sagrado en el mes de enero de 1951; y el segundo concierto tuvo carácter lírico polifónico, el mes de marzo de este año. La dirección artística estaba formada por la juventud estudiantil de Ciudad Bolívar, representada por maestros y alumnos del Liceo Peñalver e Instituto Dalla-Costa, Carmen Elena Siegert, Jesús Amunchategui; y estudiantes: Manuel J. Orta, Rafael Montoya y Ernesto García. Esta nueva fase de educación artística vocal fue entonces calificado como un triunfo que por mucho tiempo había sido el anhelo de Ciudad Bolívar y llevada a término por el Pbro. Segundo Ferrero.
lunes, 2 de enero de 2012
La Ciudad antigua
La ciudad es su gente dijo en cierta ocasión el escritor Mario Briceño Iragorri y la definición vale para reafirmar que la antigua Santo Tomás de la Guayana, fundada por don Antonio de Berrío el 21 de diciembre de 1595 más abajo de las bocas del Caroní, es la misma que desde el 14 de febrero al 22 de mayo de 1764 trasladó el Comandante Joaquín Moreno de Mendoza a la parte más angosta del Orinoco.
De ese traslado han transcurrido 240 años (1764-2004) y aquella ciudad transferida, con menos de 500 almas, es hoy, con el epónimo de Ciudad Bolívar, una urbe de 400 mil habitantes, distinta además por efecto inevitable de una evolución muy atada a la influencia económica que sobre ella ejerce el desarrollo industrial de la moderna Ciudad Guayana.
La ciudad ha evolucionado hacia un modelo de vida que contrasta con el pasado y, evidentemente, no sólo en la forma de vestir y comportamiento de la gente, sino en la arquitectura de sus viviendas, edificios de comercio, industria y servicios.
Nació y creció la ciudad en un declivio hasta desbordarse de sus contornos. Se desarrolló sobre una colina cuyas cuestas declinan en el río, en un gran río, el Orinoco, que ha sido una arteria socio-económica e histórica vital.
Arquitectura Antillana
Y en ese declivio declarado Patrimonio Histórico Nacional, encontramos la ciudad mirándose en el espejo del Orinoco, con una arquitectura de estilo antillano en la parte plana paralela al río. Trepando las cuestas se hace visible la ciudad colonial de azoteas y grandes ventanales y, casi llegando a la cumbre, aparece El Zanjón, de una topografía accidentada, colmada de piedras monumentales entre las que surgen casas, árboles, senderos y miradores naturales.
La arquitectura antillana de plantas altas y galerías porticadas tiene su respuesta en la influencia cultural de las islas del Caribe con las cuales la ciudad, hasta muy avanzado el siglo veinte, tuvo relaciones mercantiles y de cabotaje fluvial-marítimo muy dinámicas. De suerte que esta arquitectura estuvo hecha más para la actividad comercial que para la vida residencial y doméstica. Debajo de los pórticos apoyados en labradas columnas de hierro forjado, los habitantes podían hacer sus transacciones comerciales a cubierto y, mejor aún, debajo de los copudos árboles de la Alameda, paseo que a decir de algunos viajeros, debe su nombre a hermosos álamos viejos alineados frente a mansiones propiedad de acaudalados funcionarios y comerciantes de la capital angostureña.
El casco urbano de la ciudad, a partir de 1941 cuando quedó en servicio la avenida Táchira, se fue desbordando hacia las afueras, hacia la circundante zona de Los Morichales, húmeda, arenosa, aromada por los propios frutos de la palmera, combinado en el ambiente con los del mango y el merey.
La avenida Táchira construida bajo la administración del tachirense Ovidio Pérez Ágreda, fue culminada hasta el Aeropuerto y pavimentada con asfalto obsequiado por la Standart Oil Company.
El Paseo Orinoco
El moderno Paseo Orinoco de hoy tuvo otros nombres en el pasado. Como Paseo La Alameda se conoció durante largo tiempo pero, mucho antes, calle La Muralla y luego de la Guerra Federal, Paseo Falcón, en honor al General coreano Juan Crisóstomo Falcón, líder máximo de aquella guerra larga y cruenta que sufrió Venezuela durante cinco años y de la cual estuvo marginada Guayana gracias a la habilidad política de Juan Bautista Dalla Costa Soublette, cuyo padre homólogo en los años iniciales de la Tercera República realizó desde la Municipalidad, en calidad de Procurador, obras urbanas que comenzaron a modificar la imagen aldeana de la ciudad.. Atendió preferentemente el empedrado de las calles, el aseo y ornato, la arquitectura civil, el censo de la ciudad, la fundación de escuelas, el alumbrado público y se propuso exitosamente fundar un Mercado Público en la mera orilla del río, sobre los restos del antiguo Fortín San Gabriel, transformado finalmente en el Mirador Angostura.
Antiguamente el Paseo Orinoco se extendía desde el Puerto de Blohm hasta la Capitanía de Puerto y la isla central disponía de bancos en los contornos, piletas ornamentales y una biblioteca. También existió una plaza con la estatua del General Falcón y Las fuentes de soda sacaban sus mesas hasta el centro de la isla tal cual como en los mejores bulevares, mesas que invitaban a la tertulia y al buen café‚ tras un largo paseo disfrutando la brisa fresca del río y música de retreta antes o después de iniciarse las funciones del Cine América, previamente anunciadas en cartelones que en un tiempo pintaba el hoy maestro del arte óptico Jesús Soto.
Pero en 1967 el Paseo fue prolongado y transformado para elevar la cota de protección de la ciudad contra las periódicas crecidas del río. Fue inaugurado junto con el Puente Angostura sobre el Orinoco con ocho secciones y dos vías de circulación separadas por una isla de 1.500 metros, con los mismos árboles centenarios, aceras, pasarelas a la margen del río, jardines, puestos de descanso, faroles, zonas de estacionamiento, sistema de sonido para música ambiental y los bustos de los próceres Francisco Antonio Zea, Monseñor Mariano Talavera y el educador Narciso Fragachán.
En la zona que ocupó el antiguo Mercado Municipal y la toma del primer acueducto que tuvo la ciudad, fue construido un Mirador con servicios de Restaurante y una fuente de la cual emergía un prolongada columna a semejanza de un obelisco realizada con bloques de cristal. Posteriormente y dentro los proyectos de revitalización del casco urbano de la ciudad, el Mirador fue transformado en un Parque integrado por un anfiteatro, un área de recreación pasiva y un Restaurante-Café‚ algo pentagonal a tono con el estilo antillano del Paseo.
El Mercado Público
Este Mercado Público es el mismo al cual se refiere en 1859 a su paso por la capital bolivarense, el explorador Francisco Michelena y Rojas, cuando escribe que hay un lugar muy interesante en todo país civilizado, el de abasto para la ciudad. Este edificio, el cuarto en su género en toda la República, armoniza bien con el grado de civilización y progreso de esta ciudad. Entre la Alameda y el río, sobre un terreno rocalloso que se avanza a aquel en forma de cabo, y por supuesto abordable por embarcaciones menores cargadas de provisiones, se encuentra situado el mercado formando un semicírculo, cuya base frente al paseo está adornada con una gran baranda o verja de hierro. A este mercado, pues, llegan víveres de toda naturaleza y en abundancia, no sólo de Cumaná y Barcelona, que están a la otra banda del río, sino del Meta viniendo de Casanare, del Apure y aun de provincias muy distantes. Tal es la admirable hidrografía de Venezuela, por la cual aquella ciudad está en contacto con casi todas sus provincias.
En la misma área estaba la toma del primer acueducto que tuvo la ciudad, el depósito de la Aduana y la Plaza Talavera en cuyo centro se alzaba un pedestal con el busto del prócer angostureño General Tomas de Heres.
Este Mercado Municipal permaneció allí hasta 1956 que el Gobernador doctor Eudoro Sánchez Lanz (1953-1958) resolvió demolerlo para sustituirlo en el Paseo Moreno de Mendoza, zona del antiguo Banco Obrero, por el entonces llamado Mercado Periférico No. 1. Más tarde el Gobierno construyó el Mercado Periférico No. 2 que funcionaba los fines de semana como Mercado Libre en la avenida 5 de Julio. Son los dos mercados actuales, ya estrechados por la expansión urbana acelerada de la ciudad.
Más recientemente, la CVG construyó el Mercado de la Carioca, llamado también Mercado de la Sapoara, aunque lo que menos se vende allí es la Sapoara. Se vende abundantemente toda clase de pescado de río, y también de mar traído de Cumaná y Puerto La Cruz. Es un mercado bastante completo, muy bien diseñado. Guarda relación con la arquitectura antillana del Paseo Orinoco.
Actividad naviera
El Mercado de la Sapoara, al igual que el antiguo mercado, tiene la ventaja de estar a la orilla del río, lo cual le permite recibir directamente los productos ictiofáunicos y agrícolas de las feraces riberas e islas orinoqueñas. La actividad fluvial es parte vital de lo que constituye la fachada de la ciudad, vale decir, el Paseo Orinoco, el río y la arquitectura antillana.
La actividad fluvial comprende el movimiento naviero, desde la típica curiara india hasta los barcos de vapor pasando por la piragua, el trespuño, la balandra, la goleta, el bergantín y la chalana.
Hubo un tiempo en que Ciudad Bolívar era puerto abierto para todos esos tipos de embarcaciones. Hasta la década del cuarenta que el gobierno construyó técnicamente el actual puerto que ocupa la Armada Venezolana, el frente de la ciudad era atracadero o fondeadero natural de las naves en operaciones de carga y pasajeros.
La navegación cubría una línea fluvial externa que abarcaba Trinidad, Cumaná , Margarita, Barcelona, La Guaira, San Thomas, las Antillas y algunos puertos de los Estados Unidos, Internamente se extendía hasta Apure, Barinas, Guárico, Portuguesa, Guaviare, Barinas, Mérida y muchos otros puntos intermedios. Luego, remontando el Orinoco por el Arauca, se navegaba hasta la villa del mismo nombre y por el Meta, hasta Casanare y salvando los raudales, se podía llegar hasta las poblaciones de Río Negro.
A medida que la navegación de vapor se iba haciendo importante y surgían las carreteras, paralelamente con el desarrollo del transporte automotor sustituto del transporte de tracción de sangre como los famosos coches Victoria tirados por caballos y los carro-matos halados por mulas, desaparecía la navegación a vela y sólo hasta Angostura y más arriba eran primero, los barcos de la Compañía de Vapores de la Estrella Roja, la Compañía de Vapores del Orinoco, la Compañía de Navegación Fluvial y Costanera de Venezuela y por último la Compañía Venezolana de Navegación los que surcaban el Orinoco.
Los barcos de vapor, de chapaletas en los costados, también en la popa y, finalmente de propela a nivel de la quilla, atendían preferentemente al transporte de pasajeros y carga a grande escala. Ocasionalmente, cuando el Orinoco estaba en su apogeo, los barcos de vapor se habilitaban para excursiones turísticas a través del río. Pero al iniciarse la segunda mitad del siglo veinte descubrieron las minas del Pao, La Paría y San Isidro y el mineral de hierro sepultó la navegación o, al menos, la redujo hasta Matanzas. Ahora son chalupas de pescadores ribereños las que se ven surcando las aguas del gran río porque hasta las chalanas y el Ferry tomaron rumbo distinto desde que las exigencias del progreso unieron a Guayana con el resto de Venezuela a través de un gigantesco puente colgante sobre el Orinoco.
El gran muelle fluvial donde atracaban los barcos cargados de harina que empolvaba el cuerpo sudoroso de los caleteros, al igual que el depósito de la aduana, quedó como coto privado de la Armada. Apenas podemos disfrutar en vecindad la Capitanía de Puerto, lánguida como una tarde sin sol desmayada en el crepúsculo fluvial y, entre julio y agosto, los atarrayadores de pie en el banco de proa de sus curiaras o al borde de la imponente Laja de la Sapoara, ahora sepultada bajo el concreto armado que modificó las dimensiones del Paseo.
La Laja de la Sapoara
La Laja de la Sapoara era una inmensa piedra en forma de pendiente, semicircular, que desde la popular calle Santa Ana se internaba en el río. Ahí, en esa laja descomunal y rugosa se rebatía en tiempo de crecida, la fuerza impresionante de las corrientes fluviales dando lugar a los coloquiales pailones o borbollones, atracción irresistible de cardume de sapoaras con su corte de coporos y bocachicos.
Cuál lugar mejor para el palangre y el esparavel? Los atarrayadores encontraban aquí su mejor ángulo y acomodo, bien para el espinel o lanzar la rosa piramidal de su red faldeada de plomo, ingeniosa trampa manejada por torsos desnudos transpirando los efectos del sol de todo el día en aquel escenario de agua y mogotes como islas navegantes. Siempre el pescador de atarraya a espaldas de un público inquieto, alegremente extrovertido o contemplativo. El protagonista, en todo caso, es el agua y el pez escapado del rebalse, ansioso de ser libre en su función reproductiva.
La pesca ahí era una fiesta combinada con el discurrir de las curiaras en asecho y más arriba las rústicas chalanas trasbordando automotores de una costa a otra del inmenso río.
Pero así como la pesca resultaba abundante durante el mes de agosto también debían serlo las lágrimas por el tributo que accidentalmente reclamaba el río en ese punto donde anualmente bullía la gente y el agua. Era, a decir del romancero guayanés: como una contribución obligada de sangre y dolor del pueblo/el ahogado de La Laja.
Pero la Laja de la Sapoara ya no existe sino en alguna que otra gráfica y en la augusta memoria de la tradición, pues a final de la década del sesenta quedó sepultada bajo un pailón de concreto vertido para contener las periódicas crecidas del agua. Asimismo una especie de Belvedere construido por la Municipalidad con el nombre de Mirador Sifontes y contra el cual en 1954 chocó el Ferry Angostura que competía con las chalanas en el trasbordo de vehículos y pasajeros de una costa a otra del Orinoco.
Chalanas y Ferry Boat
Antes del Ferry Angostura, el trasbordo de vehículos y pasajeros se hacía entre Ciudad Bolívar y Soledad, a través de barcazas o chalanas que en un principio fueron de madera y a partir de 1940 fabricadas de hierro en la propia Ciudad Bolívar.
Eran embarcaciones de fondo plano autopropulsadas o remolcadas por motonaves adosados a sus costados y con puentes levadizos en los extremos que servían indistintamente de entrada y salida. Entre las cinco de la madrugada y las seis de la tarde, las chalanas iban y venían desde la rampa del puerto de Los Cocos hasta Soledad con su carga de vehículos bien acuñados y pasajeros de pie, recostados o acodados sobre la borda.
Los primeros automóviles llegados a Ciudad Bol¡var, entre ellos, el popular Ford tablita que alquilaba y distribuía el Garage de Félix Tomassi, fueron transportados no propiamente en chalanas sino individualmente en botes mellizos unidos por tablones sobre los cuales se montaban y desmontaban al llegar a su destino.
Para tratar de mejorar el servicio que venían prestando las chalanas, se fundó en noviembre de 1951 la sociedad anónima Ferrys del Orinoco con una de las unidades que hacían trasbordo en el Lago de Maracaibo, tal el Ferry Angostura que entró a operar al iniciarse el año 1953; pero, en 1967, los Reyes Magos de la tradición cristiana le hicieron un gran regalo a la ciudad, el Puente Angostura sobre el Orinoco. Entonces las chalanas se fueron con su rústica alegría aguas abajo para seguir compitiendo entre ellas haciendo el trasbordo entre San Félix y Los Barrancos, mientras el Ferry Angostura fue de nuevo llamado por el mar hasta extinguirse haciendo el tránsito en Margarita, entre Punta de Piedra y la Isla de San Pedro de Coche.
La Cruz del Perdón y las Lavanderas
De manera que 1967 le dejó a la ciudad dos grandes obras, el Puente Angostura sobre el Orinoco que acabó con las chalanas y el nuevo Paseo Orinoco que sepultó a la Laja de la Sapoara. Se salvó apenas la capilla de la Cruz del Perdón erigida por madres de los reclutas bolivarenses mandados por el dictador Juan Vicente Gómez a pelear contra las montoneras del general Arévalo Cedeño que pretendía reunir todo un ejército para derrocarlo, no obstante la fracasada experiencia de la Guerra Libertadora. Pero no así pudieron salvarse las lavanderas del Orinoco que restregaban ropa sobre las rocas planas del río, estampa realmente conmovedora y pintoresca, especialmente para viajeros de otros lares como Friedrich Gerstacker que a su paso en 1868 por Ciudad Bolívar las describió así:
Bajo gigantescas masas rocosas, redondeadas por la acción del agua, se reúnen las lavanderas de Ciudad Bolívar y hacen su oficio. Pero realmente tiene uno mismo que haber visto lavanderas en Venezuela para poderse hacer de ellas una idea exacta. Es un auténtico placer.
Y es que estos seres se han hecho una vestimenta sumamente práctica que más que hermosa podría llamarse pintoresca, pero de ninguna manera femenina. Se ven forzadas a estar constantemente con piernas y brazos en el agua, pero a la vez no quisieran mojarse los vestidos y por eso han inventado algo que no las obliga a mostrarse sin ropa y simultáneamente dispensa de todo lo que les estorba. Recogen sus faldas de tal manera que se ven como pantalones de baño muy abombados y con frecuencia muy cortos, los brazos están enteramente desnudos y no llevan ninguna pañoleta, y así ocurre que, cuando se les ve de lejos, no se sabe a ciencia cierta si se trata de hombres o de mujeres y si se les acerca a uno y oye sus voces de bajo, queda aun m s confundido.
Con frecuencia se ven veinte o treinta de ellas afanarse sobre las grandes placas de piedra marrón al borde mismo del agua. La ropa la maltratan, desde luego, de la manera más cruel, las camisas m s fina las baten y las restriegan contra la roca de una manera tal, que hasta parece milagro que resistan una sola vez ese trato, pero de todas maneras se divierten enormemente haciéndolo, pues la risa, la charla y los gritos de júbilo durante su trabajo son apenas descriptibles.
También el paraje se ve muy colorido, pues la piedra marrón oscura ofrece un excelente fondo a este cuadro animado sobre el que la ropa extendida y en algunas partes amontonada hace un bonito efecto. Entre medio se ve también una cantidad de niños y muchachas que se bañan sin avergonzarse en lo más mínimo por la curiara que pasa y la cual suponen tripulada solo por nativos y no por algún extranjero.
Crecidas del Orinoco
La tradición popular dice que cuando el Orinoco supera o se aproxima a la cota máxima de la ciudad, la pesquería suele ser abundante, particularmente la pesca de la sapoara como de los inseparables miembros de su familia el Coporo y el Bocachico.
Y, obviamente, cuando la pesca es abundante, la población se contenta y la zona del Paseo se anima con la presencia copiosa de la gente y de quienes aprovechan la ocasión con fines mercantiles, vendiendo todo lo que en una ocasión como ésta provoca o es apetecible, vale decir, la cerveza, el refresco, el helado, la chicha de maíz o moriche, los confites, las frutas y hasta el casabe, el limón y las verduras indispensables para una buena vianda de pescado.
Pero el espectáculo ferial del río no oculta el temor por las crecidas altas pues estas, cuando realmente lo son, ocasionan terribles daños materiales a buena parte de la población, aun con el moderno dique construido para protegerla de los desbordamientos.
No todas las veces el Orinoco es una amenaza. Podríamos decir tal vez que el río es caprichoso, pues no obstante los adelantos de la cibernética, resulta imposible fijar pauta científica sobre su comportamiento. Por más cálculos que se hagan, siempre, como los sismos, resulta impredecible. Hay quienes apegados a los cotidianos niveles que desde los años veinte se registran por iniciativa del ya extinto Bachiller Ernesto Sifontes, deducen que el Orinoco se subleva cada 3, cinco, diez, 15 y 25 años, pero rigurosamente es inexacto.
El frente urbano de Ciudad Bolívar, vale decir, el Paseo y la Calle Venezuela, está sobre una cota de 16 metros sobre el nivel del mar que hasta 1943 lo hacían vulnerable a las grandes crecidas del Orinoco.
La crecida de agosto de 1943 fue terrible y repercutió en el ámbito nacional hasta el punto de que el Presidente de la República, Isaías Medina Angarita, se vio obligado a visitar la ciudad para constatar personalmente los daños materiales y personales causados por el desbordamiento del río al romperse los inconsistentes muros de protección. El casco urbano parecía una isla, pués el agua llegó hasta el cruce de la avenida 5 de Julio con la Táchira, justo donde había sido reubicado el busto del prócer Tomás de Heres que inicialmente se hallaba en la Plaza Talavera y hasta allí se aventuraban las curiaras luego de cruzar algunas calles.
A raíz de esa gran crecida, se fortaleció su muralla de protección elevando la cota a 17 metros. En 1967 dicha muralla de protección fue ampliada y mejorada elevándola a una cota superior a los 18 metros sobre el nivel del mar, lo cual se considera como definitivo.
La memoria histórica señala agosto de 1892 como la fecha en que el Orinoco registró su máxima crecida. Es la única vez que se recuerda haber tapado la Piedra del Medio. Una crecida como aquella se registró en agosto de 1976, pero ya la ciudad estaba fuertemente amurallada por lo que fue imposible un desbordamiento como el de agosto de 1943 cuando alcanzó un nivel de 17,95 metros sobre el nivel del mar e inundó las principales calles de la ciudad derivando cuantiosas pérdidas materiales y un sin número de damnificados.
En 1976 el nivel fue superior. Sobrepasó en ocho centímetros la cota 18 y casi tapó al igual que en 1892 la Piedra del Medio. El río, a pesar de la muralla o dique, amenazaba meterse por las bocas de las cloacas y fue menester levantar chimeneas de ladrillos en sumideros y alcantarillas y arrimar sacos de arena en algunos desniveles de los bordes.
Después de la ingente crecida de 1892, coincidente con la Batalla de Buena Vista de Orocopiche y la entrada triunfal del Mocho Hernández a Ciudad Bolívar para erigirse en Gobernador civil y militar, el Orinoco tuvo un receso de 35 años, al cabo de los cuales metió agua hasta los 17,14 metros. 16 años después fue cuando ocurrió la crecida del 43, pero en el interregno 1943 a 1976 se registraron otras cinco crecidas importantes: 1946 con 17,42; 1954 con 17,40; 1963 con 17,39 y 1967 con 17,38. Más reciente, agosto de 1998, el Orinoco tuvo otra crecida extraordinaria que obligó al Gobierno Regional y local a declararse en emergencia, sin dejar de atender a la Feria del Orinoco apoyada en el escenario espectacular de las aguas, en la pesca de la Sapoara que de por sí es una feria espontánea y las fiestas de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de Ciudad Bolívar junto con Santo Tomás apóstol, ambos santos protectores heredados de la colonia.
Antigua Calle Venezuela
Calle totalmente de piedra con un canal central para drenar las aguas de lluvia. En tiempos de la colonia se llamaba "Calle Principal", cuando la República "Calle 30 llaves" y finalmente, una vez pavimentada y prolongada, Calle Venezuela desde la Casa de las Doce Ventanas hasta el Dique de La Carioca. Cuando fue tomada la fotografía aún la calle de piedra se alumbraba con faroles y arcos voltaicos.

Ciudad Bolívar de los años 50 con el Orinoco en pleno crecimiento. Después de la gra crecida de agosto del 43, el Gobierno de Medina Angarita le hizo levantar a lo largo del dique uno pilares a los que se le podía incrustar tablas para contener las aguas en caso de emergencia. Estos pilares nunca cumplieron su papel de previsión pues en 1967 el Ministro Leopoldo Sucre Figarella remodeló el antiguoa Paseo Falcón y levantó la cota hasta 19 metros sobre el nivel del mar.
Ciudad Bolívar de los años 50 con el Orinoco en pleno crecimiento. Después de la gra crecida de agosto del 43, el Gobierno de Medina Angarita le hizo levantar a lo largo del dique uno pilares a los que se le podía incrustar tablas para contener las aguas en caso de emergencia. Estos pilares nunca cumplieron su papel de previsión pues en 1967 el Ministro Leopoldo Sucre Figarella remodeló el antiguoa Paseo Falcón y levantó la cota hasta 19 metros sobre el nivel del mar.
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